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  • Sepúlveda, Guillermo, “ENRIQUE CANTU Desde el interior – Los últimos veinte años”, texto de la Exposición y de la Hoja de sala, Centro de las Artes II, Monterrey, N.L. Octubre 2, 2010.
  • Sepúlveda, Guillermo, “Memoria Involuntaria”, texto de presentación de la exposición y de la hoja de sala, Pinacoteca de Nuevo León, Monterrey, N.L. Agosto 5, 2015.
  • Lésper Avelina, “Memoria Involuntaria”, texto del catálogo de la exposición y fragmento en la hoja de sala, Pinacoteca de Nuevo León, Monterrey, N.L., Agosto 5, 2015.
  • Villarreal, Minerva Margarita, “Memoria Involuntaria”, Interiores, poema para el catálogo de la exposición.
  • Villarreal, José Javier, “Memoria Involuntaria”, Una señal del cielo, poema para el catálogo de la exposición.

Texts

  • García Murillo, 13 de noviembre 2002, Jorge, Fragmentos del texto para la exposición Las Relaciones del Silencio, 18 de octubre de 1996
    • “Las relaciones entre los humanos y de ellas una de las dimensiones más difíciles de explorar : el silencio. Ese es el tema que enfatiza -ahora- ; la creación de Enrique Cantú Montemayor…”
    • “ … de manera callada, insiste en la muy antigua lucha de expresión teniendo como arsenal los materiales clásicos: telas pinceles y colores, con ellos construye una sugerente propuesta, simplemente pintura-pintura …”
    • “ … Pareciera murmurar: regresar a lo básico. Artista del más puro corte clacisista, logra en nosotros, la emergencia de pensamientos acerca de las capas más profundas de la intimidad …”
  • Castelo, Rocío, Tercera Bienal Monterrey, Revista Movimiento Actual, Año X, mayo-junio’97
    • “ Un buen ejemplo expresionista lo constituye la pintura de Enrique Cantú la que, por cierto no mereció ninguna mención. En ella se percibe hastío, indiferencia y frialdad. Líneas, colorido, luz, todo nos refleja esa soledad compartida. Se trata de una obra llena de expresiva subjetividad “.
    • ( Fotografía de obra:  “Compartiendo” óleo/tela, 160×140 cms. 1996 )
  • Sepúlveda, Guillermo, (Galerista, Crítico y Curador),  Umbral del Sueño, Invitación, 21 de octubre de 1997
    • “ Las obras de Enrique Cantú nacen y nos remiten al Umbral del Sueño, zona de tiempo suspendido, donde la luz hermana a la oscuridad en el espacio del deseo “.
  • Conde, Teresa del, Catálogo IX Bienal de Pintura Rufino Tamayo, México, D.F., septiembre de 1998
    • “ La pintura de Enrique Cantú, ‘Chiffón’, que sucitó discusión ardua entre el jurado, guarda una tónica completamente distinta a las dos recién mencionadas. Cantú es contemporáneo de Vásquez Melo (son mayores que los artistas de Zona, pues nacieron respectivamente en 1952 y 1951), se ha desempeñado predominantemente en Monterrey (fue seleccionado en la 2ª.  y 3ª. Bienal) y su formación predominantemente es de arquitecto. La pintura ofrece la figura de un adolescente que evoca tanto al Picasso de la época azul como a las figuras del Novecento italiano; lo cubre y lo descubre simultáneamente un velo, de donde la pintura recibe el título “.
  • Conde, Teresa del, El jurado de la IX Bienal Tamayo, La Jornada, Cultura, 28 de julio de 1998, México, D.F.
    • “ La tercera mención, una pintura interesante en su planteamiento, a mi juicio defectuosa en su realización corresponde a Enrique Cantú Montemayor, pintor a quién ningún miembro del jurado conocía (eso era lo que resultaba muy positivo). La propuesta partió de Jusidman y sucitó una encarnizada discusión con el colega europeo, al grado que los argumentos, casi gritados (cual debe ser) sucitaron la visita del director del Museo, Fernando Solana Olivares a las inmediaciones del sitio de reunión “.
  • García Murillo, Jorge, (Galerista, Crítico y Curador), Milenio Diario de Monterrey, 14 de noviembre, 2001 sobre la exposición ‘De amor es el combate’ -Estudios sobre Courbet-
    • “ En Enrique Cantú vemos a un pintor en el 2001 trabajando con vehemencia obra creada hace más de 150 años y de este proyecto surgió el gran descubrimiento que ha hecho este regiomontano de sí mismo, en un diálogo que resultó muy productivo, de la obra de Courbet”.
    • “Enrique se atreve, toma el riesgo fuerte de tomar a uno de los grandes y sale airoso, y la muestra permite darse cuenta de ello, estamos frente a un proyecto de pintura-pintura, donde hay una interpretación y una lectura y los resultados son muy halagadores”.
  • Villarreal, José Javier,  Texto de catálogo de exposición De Amor es el Combate –Estudios sobre Courbet-
    • Cantú-Courbet-Cantú
    • Cantú, en sus cuadros, no ofrece ideas; trabaja con ellas, las convierte en seres, objetos, universos, realidades que nos sorprenden y detienen en un laberinto de caminos.
    • Realista sin concesiones –como todo artista- nos revela horizontes donde lo onírico se vuelve diurno. Los ciervos pelean, se sacrifican en un largo pasillo de inquietud constante. Heráldico en su violencia –el cuadro- resalta su belleza, no en la sugerencia, sino en el trabajo realizado. Artista del gozo, consigue plasmar una realidad autónoma que enriquece a la nuestra. Sus cuerpos flotan, se añaden a un paisaje que se nos ofrece en su indescifrado misterio.
    • Diálogo de pintores, el que establece esta muestra, que se encuentra en el punto de exploración donde se hace fuerte el hallazgo, la composición plenamente madurada.
    • El destello lumínico corre nervioso por los filos que, más que amenazar, señalan rumbos, direcciones que la mirada atiende dentro de la gravedad de estos cuadros.
    • Pintura de atención, la de Enrique Cantú, que rehúye lo fácil y se estremece ante lo difícil, en el viejo y renovado anhelo de perfección.
    • Sus seres no transitan. Se han detenido justo cuando el artista ha dado inicio a su trabajo. La idea deja lugar a la sensualidad de las horas de estudio y éstas nos presentan cuerpos que habitan un espacio de inquietud, pero también de amorosa complicidad. Vemos sus cuadros y, secretamente, nos sabemos observados por ellos. Establecemos lazos, íntimos y secretos.
    • La disciplina libera al autor de toda atadura y lo enfrenta a la aventura de la necesidad, de la creación febril. Sus paisajes escenográficos resaltan, embellecen y disparan los cuerpos conseguidos por la pasión del trazo y la paciencia segura de la mano. Estamos ante una realidad misteriosa, entregada a su propia vida, a su propio tiempo y espacio. Courbet es el asunto, el motivo es muy otro. Es la iluminación donde la bañista contempla su pasado, donde la imagen se desdobla en un estadio poético que nos sobrecoge, no sólo por el esteticismo alcanzado, sino por la humanidad que trasmina la tela, por su íntima ternura, por la desnudez que, paradójicamente, recubre a los cuerpos que se abandonan a la placidez del deseo.
    • Sólo accedemos al movimiento gracias al detenimiento del inicio, a ese momento de intensa calma, de tensa emoción que nos proyectará en una carrera donde es imposible adivinar un desenlace; donde el desconocimiento ­ -precisamente- de ese final, nos hace inscribirnos en la órbita de lo vital.
    • El asunto de esta pintura descansa en el instante epifánico del descubrimiento, del asombro ante la realidad conseguida.
  • Villarreal, Minerva Margarita,  Poema, catálogo de exposición De Amor es el Combate -Estudios sobre Courbet-
    • DE AMOR ES EL COMBATE
    • -Muasaja del amigo-
    • Era agosto y eras tú y toda la parsimonia
    • Un calor que ululaba sediento entre nosotros.
    • Alamos cariciosos, sabinos, entre sus ramas
    • La casa sosegada,
    • el silencio que alumbra.
    • Bajo los cielos, en los pasadizos nublinosos,
    • cercados por tramo de ventanal y muro,
    • clausuradas las puertas, las aldabas;
    • presas que el espacio cercena
    • ciervos trenzan sus astas,
    • embisten a lo ancho lo bajo
    • del pecho a lo hondo.
    • Tras los pasadizos nublinosos los cerros contemplan.
    • Los ciervos se embisten.
    • Herida de Dios, ojos.
    • Herida de Dios, cuello.
    • Herida de Dios, mana.
    • Esta herida mana bajo los cielos
    • en los pasadizos nublinosos.
    • De espalda, con su piel más mármol
    • y durazno que la tina, el pelo alzado,
    • puedo entrar al silencio que de golpe da el agua,
    • puedo entrar a la calma
    • que es silencio que llama,
    • puedo entrar a la llama
    • que desgrana la herida.
    • El agujero también es un pasillo,
    • un jarro, un vientre,
    • grifos de largo pico,
    • de manos breves
    • y pétalos deshechos,
    • un jarro, un vientre,
    • al borde del estanque al fondo de la alcoba
    • de pétalos deshechos
    • el silencio brilla, mece sus años, acaricia.
    • Alamos de la alfombra sabinos entre sábanas
    • La casa sosegada hacia el otero asoma.
    • Y una muchacha espera
    • Como quien se prepara.
  • García Murillo, Jorge, (Galerista, Crítico y Curador), El Norte, Monterrey, N.L. 13 de noviembre, 2002
    • “ Enrique demuestra su espléndido nivel, que lo hace figurar como uno de los artistas más importantes de nuestro entorno.”
    • “ El gran logro de Enrique es subrayar la vigencia del realismo y llevarlo a otros niveles. Es un reto mayúsculo tomar al padre del realismo, someterse a este rigor y rehuir de lo fácil y de la complacencia, porque su obra exige mucho”
  • García Murillo, Jorge, (Galerista, Crítico y Curador), Milenio Diario de Monterrey, 13 de noviembre, 2002
    • “ No se trata de una exposición didáctica, donde el artista regiomontano deja constancia del dominio de su técnica. En la reconstrucción que hace de las imágenes de Courbet, Cantú reinterpreta y subraya la vigencia del realismo y lo lleva a otro nivel, es una aproximación pictórica a algo que es pintura-pintura “.
    • Y es que en medio de la vorágine de propuestas alternativas, arte digital y conceptual, la obra de Enrique Cantú se ciñe a los cánones clásicos de la pintura; el rigor formal, el cuidado en la composición y la contundencia en el trazo, lo hacen un pintor de poca complacencia hacia el recurso fácil y llamativo.
    • El vitalismo que proyectan sus obras y su muy personal manejo de la luz y el color son otras de las características que hacen de Enrique Cantú una verdadera figura de la pintura.
    • En ‘De Amor es el Combate II’, la pugna es de Enrique contra el canon del clasismo a través de la presencia de Courbet, es una lucha contra sí mismo, contra el arte contemporáneo y contra todas las libertades; su arma es asumir todas las exigencias pictóricas y sin embargo lograr hacer comulgar  al público con éstas obras, que tienen un pié en la tradición pero están revestidas de actualidad.
    • Uno de los rasgos mediante los que Cantú logra esta comunión, es la sugerencia; ya sea en el manejo de la figura humana, de las cuales suelen tener un cierto toque de erotismo, o en el tratamiento de la luz, o en la disposición de elementos, el pintor siempre mantiene la cautela que dá el rigor.
    • “ Él nunca cae en el exceso, es de los artistas más sugerentes de nuestra comunidad, su rigor y sujeción a la forma se aprecia desde la propia pincelada, desde el cuidado en su gama cromática. Enrique respeta toda la historia del arte, no la violenta y, sin embargo, al cambiar escenarios e iluminar sus obras con luz propia, se inserta en la contemporaneidad.”
  • Sepúlveda, Guillermo, (Galerista, Crítico y Curador), Descubriendo el Silencio, Invitación, mayo, 2007
    • Después de su segunda estancia en Italia, donde investiga y estudia, Cantú desarrolla y afirma su trabajo de una manera singular. En esta muestra de su más reciente producción –interiores, naturalezas muertas, espacios abiertos-, su pintura nos comunica; interioridad, sentimientos, estados psicológicos y ausencias, en atmósferas cargadas de silencio y tiempo suspendido. Giorgio Morandi y Edward Hopper, como alientos vagan en el ambiente inspirando éstos territorios de color y dibujo acertados que formulan sobre todo los grandes cuestionamientos: Cómo funciona la percepción? y todavía más lejos: Qué es la realidad?
  • Villarreal, Minerva Margarita, Doliente intimidad, texto para la revista Interfolia, sept.-dic. 2010
    • Siempre me ha sorprendido el trazo de Enrique Cantú. Logra descubrir, al enfatizar en sus líneas amorfas, la asimetría de ciertos objetos que asoman su distorsión: jarrones, platos, sillas, mesas, sofás, como una forma de abordar y plasmar la imperfección de las relaciones íntimas.
    • Un silencio encajonado. Una atmósfera opresiva en la aparente felicidad del retrato. La rigidez apresa los rostros, las parejas se dan la espalda hasta que cada uno queda sumergido en su ensimismamiento. Ésa es la comida del día. El luminoso pez sobre el blanco platón a punto de ser penetrado por el cuchillo. La pulcritud de un ambiente en el que se privilegia el valor de las cosas.
    • Los colores son vívidos, nutridos, salvo la etapa gris que aporta flores y bodegones hundidos en la nostalgia. De ahí, esta dolencia pasará a ser recreada a plena luz y a ser potencia del color, pero permanecerá la quietud como el estado en el que el ojo de Enrique se detiene. Quizá el cuadro “El Combate II, en homenaje a Courbet, sea el que rompa, con su enclaustrado movimiento de ciervos luchando en ardiente batalla, este detenimiento, que volverá, con la fuerza de la contemplación, a ubicarse como la fusión de motivo y arraigo de su pintura.
    • Desde el interior/Los últimos veinte años, muestra plástica del regiomontano Enrique Cantú, reúne alrededor de 50 óleos de formato mediano a grande cuya mayor ventura es el acucioso registro de la intimidad.
  • Sepúlveda, Guillermo, ENRIQUE CANTÚ Desde el interior/Los últimos veinte años, oct. 2010-ene.2011
    • Cada nueva mirada al panorama de la pintura mexicana actual revelará por fuerza su pluralidad, es decir, su característica más notable, aún cuando ponga énfasis en una tendencia también múltiple por sus enfoques, que busca en las raíces culturales y en las frondas fantásticas presentes, expresar entre otros ensueños las razones y sin razones de nuestra idiosincrasia.
    • El grupo de obras que integran esta muestra panorámica “Desde el Interior”; los últimos 20 de la pintura de Enrique Cantú, constituye temáticamente lo que podríamos llamar, las premisas anímicas esenciales de su creación. Voces del silencio, imágenes producto de reflexivas y profundas meditaciones individuales y existenciales, que comunican un orden armónico donde objetos y personas conviven o simplemente se suman en su aislamiento. Espacios, cosas y personajes en tensa pasividad, invitan o seducen al espectador con sus atractivas construcciones metafóricas de forma y color, a co-habitar en el espejo de la sensualidad y el deseo. Instantes prolongados hechos de presentes continuos se protegen del deterioro que el tiempo les pudiese causar.
    • Enrique Cantú confía en sus vivencias y apropiaciones visuales, habiendo a un lado las pretensiones y los llamados de la moda o de los movimientos neovanguardistas que en su mayoría niegan o decretan como agotados al dibujo y la pintura como medios de expresión.
    • El Centro de las Artes desea compartir con todos ustedes este largo recorrido, y celebra satisfactoriamente la actividad y los logros de este distinguido pintor regiomontano, Enrique Cantú.
    • ¡Enhorabuena!
  • Garza, José, Enrique Cantú: Los últimos veinte años, texto para la publicación de Nuestro Arte, 2011
    • Su desnudez los cubre. Su silencio habla. Francisco Hernández.
    • Enrique Cantú es un estilo. Su pintura está elaborada a base de gestos pictóricos singulares que, en una primera etapa, se expresan de manera sugerida y, en un momento más reciente, con una factura depurada y definida. Pero el trazo ha sido tan convincente que siempre ha ido más allá de la condición de recurso y se ha bastado a sí mismo. Su pintura está nutrida, además, de referencias prominentes de la historia del arte y de alusiones del arte contemporáneo. El homenaje a los grandes maestros del realismo es tan sincero, tan claro y tan contundente que en Enrique Cantú es una categoría artística. Sus cuadros aluden a influencias, las voluntarias del artista y las adjudicadas por el espectador, pero directamente y sin alevosía aparece con gran admiración Gustave Courbet. La autenticidad de su reconocimiento le otorga condición propia: sus cuadros tienen vida, fuerza e independencia ante su propósito original.
    • La obra de Enrique Cantú es sugerente y sugestiva. Desde las perspectivas técnicas y temáticas, sus pinturas resultan inquietantes, en una relación de tensión con el espectador que se vuelve una experiencia del encuentro con el Arte al comprometer y exigir sensibilidad, conocimiento, pensamiento. Pictóricamente, los cuadros de Enrique Cantú brindan una sensación de libertad y vigor. Pero esa es precisamente una lección histórica de Rembrandt, Velázquez y Courbet. Enrique Cantú asimila esto en profundidad: es natural en la figura y evita el detalle preciso y puntual, para ganar en la textura de la pincelada o el uso de espátula y la generación de ambientes y atmósferas. Y aquí es donde se ingresa al mundo de su creación, que puede apreciarse como una puesta en escena o una pieza narrativa: habitaciones de colores pardos, grises, ocres; habitaciones desalojadas con un mínimo de elementos: una mesa, un sillón una taza, libros; habitaciones con personajes en silencio, pensativos, melancólicos, distantes, que evocan los grandes temas de la soledad, la identidad, la sensualidad, la sexualidad.
    • Al contemplar estos cuadros el espectador es copartícipe por la intromisión a escenas íntimas y privadas, de evidente problemática como modo de relación –La relación del silencio IV o El sueño de Paolo- , por la desnudez como exhibicionismo –Hombre sentado- o por la ausencia como despojo –El sillón dorado-. El espectador accede así a la realidad del cuadro mismo, la realidad de la Pintura. Pero el prejuicio debe evitarse. Se cuenta con el derecho natural de mirar y observar, y además con el permiso del pintor, para ingresar a esa ficción tan real como la realidad misma. Esa es la voluntad del artista. De eso se trata. El cuadro, la pintura, es una realidad porque es un espejo: refleja la realidad del creador artístico que es también la del espectador; no necesariamente es biografía sino pensamiento, inteligencia, conocimiento, sensibilidad, deseos, sueños, temores.
    • Al mostrar la intimidad, la obra de Enrique Cantú remite a un pintor norteamericano que durante los años ochenta del siglo veinte formó parte del grupo de artistas que dominó la escena del arte contemporáneo: Eric Fishl, pintor realista celebrado por sus cuadros en los que se explaya íntimamente sobre la obsesión y los juegos sexuales, creando auténticos íconos al respecto. Pero Fischl se refiere directamente a lo norteamericano, y lo hace desde el punto de vista del voyeur, lo que coloca al espectador en una posición de confrontación ante lo obsceno y lo perverso y, de igual modo, de complicidad: se observa con fascinación.
    • La perspectiva de Enrique Cantú es distinta. Sus pinturas están despojadas de cargas sexuales o eróticas; los desnudos están limitados al género aunque sí surge cierta insinuación sexual –Fernando- o de iniciación –El balero-. Sus pinturas carecen, además, de cualquier signo nacionalista y se accede en silencio y discreción a un escenario que puede ser propio o ajeno. Así tienen sentido portentosas imágenes de figuras identificadas o anónimas como Sergio e Isela, Retrato de pareja desconocida y su mascota y Joven recostado.
    • En la obra de Enrique Cantú el espectador ingresa a una situación íntima como un testigo que observa atento, buscando hacer de lo privado algo común, encontrando de esta manera otras estampas bellas: naturalezas muertas y bodegones excepcionales como el óleo de reciente factura Passagio di giogia y Entre dos filos. Y aquí regresa de nuevo la presencia de Courbet. Enrique Cantú hace de sus cuadros una paráfrasis del pintor francés, pero logra ir más allá del elogio. Se apropia de la imaginería de Courbet y la incorpora a su propio repertorio, y eso se advierte en piezas como El combate II, el bramido y Cuando todos se hayan ido, que aluden literalmente a cuadros emblemáticos de Courbet. La pieza clave de la apología es, en efecto: Homenaje a Courbet, en el que Cantú traslada a su tela escenario del célebre cuadro en el que el propio Courbet se pinta a sí mismo como un errante, pero” lo interviene”: se autorretrató frente a su genio tutelar. El artista mira de frente a la tradición, a la historia; la reconoce con orgullo, la asimila y la hace propia y la transgrede.
    • Enrique Cantú se ha aprehendido de Courbet. Es su seña de identidad. El fundamento de un estilo que, sin embargo, evita limitarse a sí mismo. En la trayectoria de Enrique Cantú hay obra que rompe la norma. Paisajes brillantes y luminosos y retratos a base de gestos pictóricos que trasladan la representación a la desfiguración casi abstracta. Una revelación. Podrá pensarse que se trata de la producción emergente de este pintor regiomontano. Pero son obras elaboradas en el transe de dos décadas de vida artística.
    • Enrique Cantú inauguró su trayectoria artística desde la infancia de la que surge una sensibilidad por registrar la experiencia. Con el tiempo vendrían estudios de Arquitectura y Diseño Gráfico y las primeras exposiciones. Una estancia larga en Florencia cambiaría su vida y consolidaría una noción de Arte y la experimentación y búsqueda de un estilo.
    • Así, en 1996 surge la serie “Los amigos del poeta” compuesta por 24 cuadros numerados e identificados con nombres passolinianos: fondos ocres con rostros elaborados en óleo y acrílico sobre tela a partir de pinceladas que en sí mismas son la pintura propiamente dicha por la fuerza del trazo y la textura –Testa No. 6 (Bruno) y Testa No. 7 (Piero)-, por lo que remite a otro grande que hizo del retrato un género mayúsculo en todas sus consecuencias expresionistas: Francis Bacon. Así como, dada la presentación invertida del motivo de uno de estos cuadros –Testa No. 9 (Gineto)- invoca al pintor alemán Georg Baselitz, célebre por esta actitud y por hacer de sus piezas, como lo pretende Enrique Cantú, campos pictóricos de potente acción por el gesto pictórico sumamente agresivo y violento.
    • Por su autenticidad con la que asimila y desarrolla las influencias históricas y contemporáneas, Enrique Cantú se inserta en la tradición y consigue un sitio revelador entre los artistas de la nueva figuración en México. Las referencias magistrales invocadas por el pintor regiomontano proyectan una vigencia potente que reivindica esa tensión inquietante que un cuadro puede producir como una experiencia inolvidable; que reivindica también esa condición sugerente de trazos libres y vigorosos que un cuadro puede registrar. La fórmula es efectiva así –lo sigue siendo, lo es- porque el espectador esta frente a un auténtico artista y ante piezas ejemplares y notables de algo que se mantiene sumamente vivo a pesar del clamor por su desaparición: La Pintura.
  • Sepúlveda, Guillermo, Enrique Cantú. Memoria involuntaria Pintura 1990/2015
    • La obra de Enrique Cantú para esta muestra “Memoria Involuntaria” fue seleccionada de lo más representativo de los últimos 20 años de trabajo, mismo que se ha enriquecido con el acervo de colecciones privadas e instituciones existentes en Nuevo León y el país.
    • En su proceso creativo, Enrique especula continuamente con infinidad de dibujos-bocetos previos, donde mediante un riguroso juego de posibilidades, elige hasta encontrar la distribución perfecta y la composición espacial ordenada y nítida que después ocupará el plano de la pintura a la manera de piezas del rompecabezas.
    • En algunos casos, nos recuerda el proceso similar seguido por George Seurat quien trataba cada figura u objeto en forma independiente para después armar el tema deseado.
    • La elección que hace de inventario de imágenes y modelos siempre está acompañada de evocaciones, emociones y sensaciones nostálgicas, la mayoría envueltas en una atmósfera de tiempo suspendido. Sus interiores en general ausentes de personas están creados para nosotros, como invitados a participar en la escena, o a ser uno más de los personajes ensimismados que conviven distantes entre sí, inmovibles, ausentes, similares a los seres existencialmente condenados a la soledad que magníficamente retrató el pintor norteamericano Edward Hooper.
    • El silencio es el común denominador….así como la inmovilidad dentro de un mundo de evocaciones surgidas de esa memoria involuntaria que provee y viste de “realidad” cada una de sus obras.
    • Las ventanas abiertas dan a la calle o a paisajes urbanos deshabitados, las mesas dispuestas y las flores esperando al invitado, objetos del deseo que nos dan la bienvenida, en otros aparecen huellas de presencias que indican ausencia y una nueva expectativa.
    • Las flores en muchos de sus cuadros parecen perfumar discretamente el ambiente, y la luz y el color dramatizan los escenarios. La realidad aparece como inevitable llena de ambigüedades y también cargada de costumbres o más bien una sucesión de costumbres, como el individuo es una sucesión de individuos, sorteadas por momentos de crisis y dificultad donde todo ocurre: dolor, dificultad y tedio, y también fertilidad fecunda.
    • Como espectadores respondemos sin saber si lo que observamos es realidad o sueño o ambas cosas.
    • Enhorabuena a Enrique Cantú por sus logros obtenidos y a la Pinacoteca de Nuevo León por esta fecha memorable.
  • Lésper, Avelina, Enrique Cantú, La ceremonia de la intimidad
    • Hemos creado y construido el concepto de intimidad como una necesidad personal, espiritual, que nos da un sentido, que nos contiene. La intimidad es la verdad, ahí nos revelamos, nos despojamos de las máscaras, de las formas que el exterior nos impone; la casa es un universo paralelo que se rige por otras reglas, un espacio para descansar de la falsa imagen que le damos al exterior. Esa intimidad puede ser terrible, pacífica, serena o torturada, pero siempre se autentifica. Los recuerdos más dolorosos o más felices suceden dentro de este espacio. La obra de Enrique Cantú se adentra en observar, en vivir esa convivencia cotidiana con los objetos, las emociones y el lento construir de una memoria; pinta como un testigo que sabe y quiere recordar, no dejar que ese momento o ese rostro se borren: ve, escucha, siente.
    • Somos y no lo sabemos
    • Cuando estamos con nosotros mismos o con otros somos incapaces de percibirnos, no vemos nuestra presencia, ni como nos comportamos o como compartimos, el espacio nos encierra y nos soporta, es decir, sufre nuestra constante intervención. Carecemos de la distancia o la posibilidad de un reflejo que nos permita ver y estar al mismo tiempo, una voz que nos pueda decir: “Mira, así eres, así estás, así mueres”. Cantú tiene esa fijación, su pintura es una memoria visual ajena al retratado, sabe de ellos lo que ellos no alcanzan a ver, es el privilegiado espectador de un teatro verité. Su pintura, la selección de sus escenas y las actitudes de los personajes son profundamente humanas, reconocibles, sentimos que así vivimos, pero no son fotográficas, su posición es pictórica, su obstinación radica en recrear la cotidianidad en una síntesis plástica; entonces la escena se trastoca, es evocadora, emocional; nos deja con la duda, ignoramos si están posadas, son recuerdos o sueños. El adolescente que deja abandonado el balero y su estudio de piano para jugar con la pareja masculina de la muñeca está pensando, su mirada ve a un lado, alerta, sabe que es tabú, que la prohibición y el estigma caerán sobre esa decisión, que ese juego determinará su vida entera. ¿Cómo llegó ahí Cantú? ¿Cómo fue capaz de invadir ese instante, captarlo y pintarlo? El pintor carece de pudor, no le teme a la intimidad, la hace un pretexto pictórico, se la adueña y la explota. La recreación es invención; una vez en el lienzo se transporta en pintura, no hay más realidad: es cuando Cantú manifiesta su implicación y vemos su profunda piedad, su unión con lo que pinta: La observación rompe la distancia, crea un lazo indisoluble, esa pintura es parte del ser recreado y del ser que mira.
    • Naturaleza muerta, tiempo paralizado
    • Los objetos, su disposición y la forma en que los usamos adquieren una relación con nosotros, se desgastan día a día con nuestro tacto, parecen indispensables hasta que son inútiles, como las personas, como las relaciones. La naturaleza muerta es el momento en que los objetos descansan de la presencia de sus dueños, se asientan y ocupan el espacio para sí mismos, y con esa inmovilidad entendemos que la realidad transcurre inalterable sin nosotros. Enrique Cantú tiene dos vertientes de la naturaleza muerta: la invocada que dispone de un orden intencional, y la que espera, a la que el tiempo le da forma, y cuando están las capta; son parte del devenir, de la inmanencia. El trabajo de Cantú es atestiguar la aparición del momento, respetar su soledad y recrearlo: una pintura, doble juego, sobre la chimenea, con una postal y dos tazas de café, citando a la nostalgia. Las personas pasan mientras el tiempo permanece dentro de la pintura, suspendido en el limbo del arte. Tulipanes en dos frascos, una mesa dispuesta que espera al comensal, un libro abandonado en una silla, el reflejo en el espejo de un cuarto de hotel es el no estar, la ausencia; ¿de verdad este tiempo y este espacio nos necesitan? En la pintura de Cantú no, la belleza puede existir sin que invadamos el espacio.
    • Solos y en silencio
    • La soledad que vive dentro de las obras de Cantú es inmensa, se sale de las fronteras del lienzo, se fuga, crece, nos ensordece con su pausa eterna. ¿Qué esperan sus personajes? ¿Qué callan? ¿Por qué entramos en sus vidas? Un joven reposa abstraído en la tina de baño, no ve, está lejos, está con otra persona, ni siquiera está en su cuerpo: Cantú pinta esa fuga. Parejas que comparten el espacio y no se miran, dejan que el tiempo pase, que el día se agote, son tan cercanos, se pertenecen tanto que no necesitan tocarse. Cantú entra en esas pausas densas que crea la convivencia, la claustrofobia; percibimos relaciones de pareja, de hermanos, de una vida entera porque algo hace Cantú de forma sutil, casi imperceptible: pinta la relación que existe entre ellos. La pareja que comparte el amor por el perro como el lazo más duradero y sincero que tienen. Los desnudos no están pensados desde el cuerpo, son del abandono, de la renuncia, se entregan al pintor y saben que el retrato no es para ellos ni de ellos, es para la egoísta recreación pictórica, no es su cuerpo, es una obra, una forma de decir, un estado de arte. Al final, cuerpo tenemos todos los que aquí estamos, lo que vemos es la investigación de una actitud, el equilibrio de una composición, el estudio de la piel en su infinidad cromática, el pensamiento desde la forma.
    • Pintar para ser más humanos
    • El arte, su creación y contemplación nos arrastran a otro plano de la existencia, nos obligan a asumirnos como seres sensibles que pueden conocerse a través de la mirada y la obra de otro. Las emociones conviven con las intenciones, las ideas, el conocimiento, detrás de cada obra hay un esfuerzo que se invoca cada vez que el artista pinta, dibuja. Con esta exposición Cantú hace un estudio de nosotros que también es reflejo de él mismo: esa soledad, esas pausas densas, la quietud de la naturaleza muerta y la vulnerabilidad del desnudo son el artista. Esta serie de pinturas son en esencia Enrique Cantú, su origen y su destino, el significado y finalidad de pintar.